Archive for the ‘Biología Marina’ Category

Mola mola (Pez Luna)

El pez luna (Mola mola) es un pez pelágico tetraodontiforme de la familia Molidae. Es el mayor pez óseo del mundo, con una media de 1.000 kg de peso y con ejemplares que alcanzan más de 3 m de longitud y superan las 2 toneladas. Es una especie cosmopolita que habita en aguas tropicales y templadas a lo largo de todo el planeta. Tiene el cuerpo aplastado lateralmente y cuando extiende sus aletas dorsales y ventrales, el pez es tan largo como alto.
Alimentación
Se alimenta principalmente de varios tipos de zooplancton gelatinoso como las medusas, de las que consume grandes cantidades para poder desarrollarse y mantener su gran tamaño, puesto que es una dieta pobre en nutrientes.
Reproducción
Las hembras de esta especie pueden producir hasta 300 millones de huevos, más que cualquier otro vertebrado conocido. Los alevines del pez luna parecen pequeños peces globo con grandes aletas pectorales, una aleta caudal y espinas corporales que no tienen los ejemplares adultos.

Los ejemplares adultos son vulnerables a pocos depredadores naturales, pero es presa de leones marinos, orcas y tiburones. Entre los humanos, su carne está considerada como una exquisitez en algunas partes del mundo, como Japón, Corea y Taiwán, pero la venta de su carne está prohibida en la Unión Europea. A menudo estos peces quedan accidentalmente atrapados en redes de pesca y también pueden dañarse o morir debido a encuentros con desechos flotantes, como bolsas de plástico.

El pez luna es miembro del orden de los Tetraodontiformes, estuvo incluido en el mismo género que los peces globos pero estudios posteriores se clasidicó en un género propio.

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Los corales son capaces de vivir más de 4.000 años

Ya se conoce el hecho de que los animales que viven en las profundidades del mar y a temperaturas muy frías suelen tener una vida muy larga como consecuencia de una ralentización del metabolismo. Lo que se desconocía es que en el caso de los corales llegase a ser tanto tiempo, ni más ni menos que 4000 años.

Los corales que son capaces de vivir tanto son los de agua profunda situados en volcanes submarinos a profundidades de entre 200 y 500 metros, y que se han postulado ya a la candidatura de los organismos marinos más longevos hasta ahora conocidos.

Para llegar a esta conclusión, investigadores de la Universidad de Stanford (EEUU), estudiaron con carbono 14 la velocidad de crecimiento y la edad de colonias compuestas por los géneros Gerardia y Leiopathes, con edades comprendidas entre 2.742 años y 4.265 años, respectivamente.

Según publica la revista PNAS, el índice de crecimiento radial es de apenas 35 micras al año. Es decir, su crecimiento es realmente mucho más lento de lo que se pensaba.

Delfines

Los delfínes son pequeños cetáceos con dientes (odontocetos). Generalmente el nombre de delfín se emplea para los de hocico largo o pico. Son animales marinos que viven en las aguas templadas de los océanos Atlántico y Pacífico generalmente. Su cuerpo es aerodinámico con pequeñas aletas.

Descripción

Las especies pertenecientes a la familia Delphinidae poseen un cuerpo fusiforme, adaptado a la natación rápida. Al igual que otros Odontoceti, en la cabeza poseen el melón, un órgano esférico que utilizan para la ecolocalización.

En varias especies las mandíbulas se alargan, formando un hocico delgado distintivo. La dentición pueden ser muy numerosos (más de 250) en varias especies. Su cerebro es grande, con la corteza cerebral bastante desarrollada.

Los patrones básicos de coloración de la piel son tonos de gris, con mayor claridad en el vientre y rangos más oscuros en el lomo. A menudo se combina con líneas y manchas de diferente tinte y contraste.

Generalidades de los Delfines

Son animalitos que pueden llegar a medir cerca de cuatro metros y pueden llegar a pesar hasta 300 kilos. Viven en grupos de seis o más de cien individuos, se comunican entre si mediante diferentes silvidos. Unos a otros se ayudan y cuidan mucho a sus crias, las crias nacen bajo el agua, la madre y otros adultos la ponen a flote, sobre la superficie para que puedan respirar. Están provisto de dientes y pueden fluctuar entre los 200 y 260 dientes, son los animales mas juguetones que hay en el mar y se les ve dando saltos y tumbos en las olas de los mares. Siguen a los buques por espacio de centenares de millas y por rápida que sea la marcha nunca se quedaran resagados.

Anatomía de un delfín

Anatomía de un delfín

Alimentación

Los delfines recién nacidos se alimentan de la leche materna, como dato curioso suelen hacerlo debajo del agua. Después se alimentan de peces, calamares y de mariscos que sostienen con sus dientes agudos.

Respiración

Para respirar necesitan ascender a la superficie del mar, haciendo un acopio de aire que les permite permanecer sumergidos hasta 50 minutos y aún más. Durante su permanencia en el agua sus órganos respiratorios permanecen cerrados, de modo que aunque abran la boca y puedan ingerir alimentos el agua no penetra en sus bronquios.

Peligro de extinción

Estos animalitos estan en peligro constante, ya que muchos los llegan a cazar cuando pescan el atún y no solo se va uno por red, hay veces que van de 10 a 12 delfines incluidos con el atún. Pero no solo por eso corren peligro los delfines ya que también los llegan a utilizar como experimentos militares, principalmente los alemanes, o si no los utilizan para conocer el funcionamiento de su cerebro o de la ondas que transmiten por su medio de comunicación. Otros más bien los utilizan como medio de entretenimiento en los parques acuáticos, para sus visitantes, pero si bien el público se enterase del proceso por el cúal pasan estos indefensos animales la verdad no sería tan agradable como irlos a ver, un delfín no es simbolo de entretenimiento es más bien un simbolo de inteligencia superior que muchos de nosotros como seres humanos no hemos podido desarrollar.

Evolución

Se sabe que la familia Delphinidae, junto al resto de Odontoceti y Mysticeti, descienden de mamíferos terrestres, más precisamente de los Artiodáctilos.

Especies

Hay varios tipos de especies entre las cuales encontramos:

1. El delfín común

Habita en los mares cálidos y templados de todo el mundo, mide unos dos metros y medio de longitud y tiene el pico de unos quince centimetros. A veces nada cerca de la costa y también mar adentro, les gusta saltar fuera del agua y al sumergirse casí no levantan espuma.

2. Los de morro de botella

Que alcanza una longitud de más de tres metros y medio, nadan en bancos o grupos por el Atlántico y Pácifico.

3. Los de Ganges

Han perdido casí el uso de sus ojos, probablemente a causa de que los rios en que viven, el Ganges y el Indo, llevan un agua tan turbia que la vista les presta poca utilidad. Estos delfines tantean el barro con sus largos hocicos para buscar crustáceos y peces. Lo mismo que los delfines del Amazonas, los de Gnages no abandonan jamás el agua dulce.

4. Los delfines de bandera blanca

Viven únicamente en el gran lago Tung-Ting 1,000 kilómetros rio arriba del Yank-Tsé en China. Con casí dos metros y medio de largo y un peso de cerca de 120 kilogramos, estos delfines de color pálido se hallan muy lejos de su ambiente originario, el Océano. Casí ciegos, emplean sus largos y sensitivos picos para tentar el fondo del lago en busca de peces. Cuando se asoma fuera del agua su alta aleta dorsal sugiere la impresión de una bandera.

5. El delfín de Risso o Grampus

Mide hasta cuatro metros y medio. Es animal del Océano y uno de los más grandes. Tiene la cabeza redonda, chata y carece de pico.

El sonido de los delfines

Para comprender como pueden utilizar el sonido los seres humanos y los animales, tenemos que saber que las ondas sonoras se pueden desviar y reflejar. Si recordamos la compresión y expansión que experimenta el sonido alternativamente al atravesar cualquier elemento, aire o agua, estamos preparados para incorporar un concepto nuevo: la longitud de onda. Si medimos la distancia entre una compresión y la siguiente, esta distancia se llama longitud de onda. Cuanto mayor es la frecuencia, menor será la longitud de onda. Como conocemos la velocidad del sonido en los distintos materiales, conociendo la frecuencia del sonido podemos calcular su longitud de onda. Un objeto que sea grande en comparación con la longitud de onda de un sonido reflejara buena parte de este sonido. Estos reflejos se llaman eco. Los sonidos rodean los objetos que son pequeños en comparación con la longitud de onda. El hecho de que los objetos reflejen el sonido ha sido aprovechado por el hombre en la navegación para localizar los icebergs o el fondo, en la pesca comercial para encontrar grandes bancos de peces, y en operaciones militares para determinar la posición de los submarinos. Sabemos que los materiales de diferentes densidades reflejan el sonido; por lo tanto, en el océano el sonido rebota contra la superficie, el fondo y las masas de agua de diferentes temperaturas, además de los animales y las plantas. Las capas de agua que tienen temperaturas diferentes desvían las ondas sonoras que no se reflejan. De este modo, una onda sonora que recorre el mar se expande, es absorbida, cambia de dirección, es reflejada y se dispersa. Cuanto mayor sea la frecuencia del sonido, mayor será el efecto. Por este motivo, la mayoría de las sondas por eco de largo alcance que utilizan los barcos operan a una frecuencia por debajo de los 5.000 Hz. Para detectar objetos pequeños a distancias mucho más reducidas, los sonares operan a una frecuencia que escapa al alcance auditivo del hombre, es decir, por encima de los 20.000 Hz.

El Sonar Vivo

Por cada invención humana, existe un sistema equivalente en la naturaleza que supera ampliamente al del hombre en eficacia y posibilidades. Uno de ellos es eL sonar animal o ecolocalización. En 1938 se descubrió que los murciélagos emitían unos sonidos inaudibles muy agudos, denominados ultrasonidos (entre 40.000 y 80.000 Hz), y recibían ecos que les daban abundante información con respecto al entorno. Unos diez años después, las observaciones de un científico americano, permitieron el descubrimiento de la ecolocalización en los delfines. Al intentar capturar delfines para un acuario, el científico observó que se podía conducir a los delfines por un canal en dirección a una red. Sin embargo, a 30 metros de la red invisible, los delfines cambiaban súbitamente de dirección y se alejaban. Pero se los podía capturar si se empleaban redes con una malla más grande, o redes embebidas en agua, donde no quedara ninguna burbuja de aire que pudiera reflejar el sonido. Para obtener información sobre el ambiente, los delfines emiten sonidos cuya frecuencia oscila entre menos de 2.000 y más de 100.000 Hz. Podemos percibir los que son audibles para nosotros como una serie de golpecitos, que pueden darse como sonidos individuales o como una sucesión de sonidos unidos entre sí. El delfín, y otros miembros del suborden de los odontocetos, o cetáceos con dientes, pueden determinar no sólo la distancia y el rumbo, sino también el tamaño, la forma, la textura y la densidad de los objetos. Además, también pueden recibir más información que nosotros por el mero hecho de alterar el tono de uno de los golpecitos dentro de la sucesión y, como cada golpecito que rebota es diferente, puede hacerles llegar un mensaje diferente. De este modo, una sola sucesión de ecos produce una compleja imagen mental de un objeto. Existen al menos cuatro tipos de información en el eco: la dirección de la cual procede, el cambio de frecuencia, la amplitud del sonido y el tiempo transcurrido entre la emisión y el retorno. Mientras el delfín explore, determina la dirección que siguen los ecos que regresan y, de este modo, la orientación del objeto que desea examinar. Los cambios de frecuencia hablan de su tamaño y su forma. La amplitud del sonido y el tiempo transcurrido dan indicios sobre la distancia. Sólo recientemente hemos comenzado a comprender de qué modo se producen y emiten estos golpecitos y la forma en que el delfín percibe el eco: las emisiones de los golpecitos nacen dentro de la cabeza del delfín. Los sonidos se producen incluso mientras el animal esta bajo el agua, sin perdida de aire, lo cual sugiere que se recicla dentro de su aparato respiratorio. Los costados de la cabeza del delfín y su mandíbula inferior, que contienen una grasa aceitosa, son las zonas que reciben el eco. La protuberancia que tiene en la frente es, probablemente, el lugar donde nacen los golpecitos para la ecolocalización. Cuando un delfín viaja, por lo general mueve la cabeza lentamente a un lado y al otro, hacia arriba y hacia abajo. Este movimiento es una especie de exploración global, que le permite al delfín ver un camino más ancho frente él. Pero si le interesa un objetivo pequeño, como por ejemplo un pez en medio del agua oscura, los movimientos exploratorios de la cabeza se vuelven rápidos y espasmódicos: Las frecuencias bajas tienen largo alcance pero no son direccionales, y los golpecitos de alta frecuencia sirven para investigaciones de corto alcance y alta definición. A diferencia del sonido de alta frecuencia, es probable que las vibraciones de baja frecuencia se reciban primero en el oído interno. Para poder recibir e interpretar todos estos ecos, el cerebro del delfín tiene un lóbulo auditivo mucho más grande que nuestro cerebro. Desde luego, no hay forma de saber que es lo que oye el delfín. No podemos imaginarnos cómo se oyen la forma y la distancia de los objetos. El sistema del delfín es de una precisión sorprendente y le proporciona al animal mucha más información que la que el hombre obtiene con el sonar. Por ejemplo, ‘Dolly’, un delfín entrenado por la marina de los Estados Unidos, es capaz de recoger tres monedas que se echan al mismo tiempo en tres direcciones distintas; recoge la primera cuando todavía se está hundiendo, y halla la segunda y la tercera entre los sedimentos, al cabo de escasos segundos, con muy poca visibilidad. El lenguaje es la comunicación de pensamientos y sentimientos. El hombre es el único ser del reino animal capaz de comunicarse por medio de patrones específicos orales bien definidos, así como a través de sus transcripciones escritas. La cuestión es: ¿existen otros animales, aparte del hombre, que tengan un lenguaje según lo que nosotros entendemos?

¿Existe otro lenguaje?

Sobre la tierra no hay ningún animal que este equipado con un cerebro comparable al del hombre. Pero en el mar hay varios mamíferos, incluidas orcas, los cachalotes, los delfines y las marsopas, cuyos cerebros son, al menos anatómicamente, similares al del hombre en cuanto a su tamaño. Son las únicas criaturas de la tierra dotadas de un sistema nervioso con la capacidad potencial para desarrollar procesos superiores de pensamiento. Los mismos animales, casualmente, poseen la capacidad de producir una gran variedad de sonidos. No ocurre lo mismo con el perro (cerebro pequeño, voz limitada), los simios (cerebro pequeño, voz limitada), el papagayo (voz, pero cerebro pequeño), y otros. Algunos delfines en cautiverio han modificado los sonidos que producían para imitar los silbidos del hombre, quizás intentando establecer una base para la comunicación entre las especies. Esta capacidad de manipular los sonidos resulta estimulante, pero no debemos olvidar que el papagayo también puede imitar los sonidos humanos y producirlos ante alguna señal. Se han llevado a cabo experimentos con la esperanza de demostrar que los delfines se comunican e intercambian ideas. Se colocaron dos delfines en tanques adyacentes con un ‘teléfono’ consistente en un transmisor y un receptor sumergidos uno en cada tanque. Sin el teléfono, los delfines no se podían escuchar, pero a través de él, las vocalizaciones se transmitían de un lado al otro electrónicamente, y podían mantener una conversación. No se podían ver. Los delfines intercambiaban golpecitos y silbidos durante la mayor parte del tiempo en que el teléfono estaba conectado. Cuando uno vocalizaba, el otro callaba. Esta conducta parece indicar que los delfines conversaban, tal vez se comunicaban, pero el significado de los silbidos sigue siendo un enigma. Cuando se desconectaba el teléfono, los delfines dejaban producir una variedad de silbidos y tan sólo emitían ‘silbidos de identificación’, que repetían una y otra vez. Estos silbidos son señales personales, que se supone permiten que los otros delfines reconozcan a uno en particular. Las investigaciones recientes han hecho pensar a muchos científicos que delfines son casi tan inteligentes como los perros, y por este motivo creen que la comunicación entre el hombre y el delfín nunca superará la que existe entre el hombre y el perro. Sin embargo, otros investigadores siguen creyendo que, en algún momento, hombres y delfines serán capaces de comunicarse a un nivel más elevado. Los nuevos experimentos científicos pueden darnos la respuesta, pero también puede ser que el hombre esté, en realidad, solo.

Animales sorprendentes

El legado de José Celestino Mutis se reúne en el Jardín Botánico de Madrid

Portada del Real Jardín Botánico de Madrid

El sabio español, nacido en Cádiz en 1732, y fallecido en Santa Fe de Bogotá en 1808, lideró la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, la antigua Colombia, a través de la cual consiguió catalogar veinte mil especies vegetales y siete mil animales.

La muestra “Mutis al natural: Ciencia y arte en el Nuevo Reino de Granada” recopila más de 160 piezas, 32 de las cuales han sido traídas desde la capital colombiana, entre láminas, objetos y documentos originales.

A través de ellas, los visitantes podrán conocer algunas de las materias en las que destacó el botánico español, quien además incursionó en el comercio del té y de la quina en Bogotá e intentó la explotación de las minas de plata de El Sapo.

Los comisarios de la muestra, José Antonio Amaya y Miguel Ángel Puig-Samper, explicaron hoy, las diferentes etapas en las que se divide la exposición, que repasa la trayectoria de Mutis desde los inicios de su formación en Cádiz, hasta sus últimos años en Santa Fe de Bogotá.

De las piezas que se exhiben, ambos coincidieron en destacar las láminas en las que el religioso español, junto a su equipo criollo, reprodujo, con pigmentos propios de la zona o importados de Europa, algunas de las especies naturales más representativas de América.

Junto a ellas, el herbario o “jardines secos”, otra de las joyas de la muestra, presenta una colección de plantas en todos sus ciclos estacionales, que en su momento constituyó “la más importante del mundo del siglo XVIII”, tal y como subrayó Amaya.

La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (SEACEX) de España, además del Jardín Botánico de Madrid han colaborado en la preparación de la muestra, que surgió a iniciativa del Museo Nacional de Colombia.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el próximo 24 de mayo, fue inaugurada hoy por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, y por el embajador Colombia en España, Carlos Rodado.

Al acto asistió también el poeta y escritor Álvaro Mutis, descendiente directo del sabio español, quien ofrecerá una recital de poesía el próximo día 14, dentro de las actividades programadas por el Jardín Botánico en relación a la muestra.

Encuentran el eslabón evolutivo entre animales acuáticos y terrestres


Existen determinados episodios evolutivos que resultan claves para comprender tanto a nuestro pasado como a nosotros mismos. Hechos cruciales como por ejemplo el pasaje de los animales acuáticos a un hábitat terrestre son fundamentales para conocer a fondo la historia de las especies que experimentaron dichas modificaciones.

Es por ello que el registro fósil es una base de datos de consulta básica para los científicos que se dedican a estudiar estos procesos, pues en ella se guardan datos a ser interpretados que permiten analizar al menos en parte a procesos básicos como el anteriormente mencionado.

En el marco de esta realidad, resulta esclarecedor el hallazgo de un fósil fundamental para conocer el pasaje de los animales del reino acuático al reino terrestre, el fósil de Ventastega curonica hallado por la Universidad sueca de Uppsala, el cual se encuentra en pleno proceso analítico para descubrir cuáles secretos esconde.

Este animal que habitaba en el agua fue encontrado en un yacimiento de Letonia, y tiene proporciones parecidas a las de un pez, aunque su cráneo ya presenta la forma de los tetrápodos, siendo este más encogido y con una mandíbula a medio camino entre ambos tipos.

La naturaleza del Ventastega curonica lo ubica llenando un hueco evolutivo entre las últimas especies marinas y las primeras tetrápodas,  en un período muy confuso como es el Devoniano, entre 380 y 360 millones de años en los cuales el registro fósil se encuentra muy disperso y fragmentado.

Nuevas especies marinas descubiertas

Hace unos meses comentábamos los resultados parciales del censo marino que están llevando a cabo más de 2.000 científicos de 82 nacionalidades, cuyo objetivo es determinar con mayor exactitud los comportamientos de las especies marinas conocidas y encontrar nuevas especies que aún están por descubrir.

En ocho años de trabajo los investigadores llevan encontradas unas 200 nuevas especies, y aún les quedan dos años de investigación. No obstante, el trabajo es imposible de finalizar con las herramientas existentes. Un 95% del océano permanece inexplorado, con lo cual la hipótesis de que todavía quedan entre medio millón y un millón de especies sin descubrir no parece tan inviable.

A continuación te mostramos algunas fotos que se han dado a conocer de las especies descubiertas. El ejemplar que ves arriba es una nueva especie de langostino que se ha descubierto en este censo. Aquí debajo tienes algunas fotos más, y si quieres conocer detalles puntuales de cada una revisa la información que aparece en la vía.