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Baobab – Adansonia sp.

Baobab es el nombre común de un género de árboles, Adansonia, que contiene ocho especies, de las cuales seis crecen en la isla de Madagascar, y de las otras dos, la más conocida, Adansonia digitata, crece en África continental, y la menos conocida y más pequeña, Adansonia gibosa, en Australia. También se conoce como árbol botella y en algunas zonas se le llama pan del mono.

Descripción

El baobab africano es un árbol de tronco masivo, con forma de botella o irregular y lleno de nudos. La corteza es lisa, la madera es fibrosa con poco contenido en agua. Las hojas sólo brotan en la época de las lluvias, en verano en el hemisferio norte y en invierno en el hemisferio sur. Las hojas del árbol adulto son compuestas, tienen de 5 a 11 foliolos que surgen del mismo peciolo en círculo y cuyos bordes son enteros en todas las especies salvo en la especie rubrostipa, que los tiene dentados. Los árboles jóvenes tienen las hojas simples y se van lobulando poco a poco. Las flores son hermafroditas, actinomorfas, de unos 10 cm, con pétalos blancos. Todas las especies dan frutos al final de la estación seca o principios de la húmeda. El fruto es una baya seca o una gruesa cápsula con forma de melón alargado. Las semillas son numerosas, grandes, con forma de riñón. Envolviendo las semillas hay una pulpa de color crema, cuya textura varía de terrosa a esponjosa según la especie y la edad del fruto. Las semillas viven más de cinco años. El tronco puede alcanzar los cuarenta metros de circunferencia, pero no crece más de 25 metros. Los baobabs adoptan la forma de botella durante la etapa de madurez, a partir de los doscientos años. En buenas condiciones, sobre suelo arenoso, con un clima templado y lluvias entre 300 y 500 mm pueden vivir hasta 800 o 1000 años, aunque se habla de ejemplares que han alcanzado los cuatro mil años. Algunos baobabs se ahuecan en la madurez y se convierten en grandes depósitos en los que se pueden almacenar más de seis mil litros de agua.Los baobabs son angiospermas.

Las especies

Adansonia digitata. Crece en todas las zonas semiáridas del África continental, alcanza los 25 m de altura y diez metros de diámetro. La copa es redondeada y tiene uno o varios troncos secundarios. Las hojas tienen de 5 a 7 foliolos. El fruto es globoso u ovoide. En el Sahel hay cuatro tipos de esta especie, el de corteza negra, el de corteza roja, el de corteza gris y el de hojas oscuras (dark leaves). Este último tiene las hojas más apreciadas como verdura, el gris es mejor por la fibra y los otros por los frutos.
• Adansonia grandidieri. Vive en Madagascar, es más alta y esbelta que las demás, y también es el árbol que tiene más usos y se ha explotado más. La corteza, de un tono gris rojizo, y que en el árbol adulto tiene de 10 a 15 cm de grosor, es tan fibrosa que no queda ningún árbol del que no se haya extraído a una altura de dos metros para hacer tejidos, ya que se regenera fácilmente. El fruto es globoso, dos veces más largo que ancho. La pulpa del fruto se come fresca y de la semilla se extrae un aceite para cocinar. En algunas zonas se alimenta a las cabras con estos frutos; las cabras digieren la pulpa y expulsan la semilla entera. La madera, esponjosa, es rica en agua y tiene anillos concéntricos que muestran los años de crecimiento. Se cree que los árboles solitarios de esta especie albergan espíritus y no es raro encontrar ofrendas a los pies de los ejemplares más grandes.
• Adansonia madagascarensis. Crece en el nordeste de Madagascar y puede incluso adentrarse unos metros en el mar. El fruto es más ancho que largo. Florece en febrero y echa las hojas en noviembre. Si se planta en semillero, sus raíces hinchadas son una verdura excelente.
• Adansonia suaresensis. Crece en el norte de Madagascar. Es una especie alta, de hasta 25 m y un tronco esbelto, de dos metros de diámetro. El ramaje es amplio, las hojas tienen de 6 a 11 foliolos verde amarillentos y elípticos. El fruto es dos veces más ancho que largo.
• Adansonia perrieri. Crece también en el norte de Madagascar. Quedan pocos ejemplares de esta especie en peligro de extinción. No supera los 15 metros de altura y puesto que está en el hemisferio sur echa hojas entre noviembre y abril, como el resto de baobabs de Madagascar.
• Adansonia rubrostipa. Crece en el oeste y al sur de Madagascar, en terrenos arenosos o arcillosos. Los árboles oscilan entre los 5 y los 20 metros de altura, son gruesos y se estrechan antes de las ramas, dándoles una forma de botella muy especial. La corteza es marrón rojiza. Las hojas son serradas. Es una importante fuente de alimentación para los lemures.
• Adansonia za. Crece desde el extremo sur hasta el noroeste de Madagascar. El tronco es cilíndrico y muchas veces irregular. Las semillas son comestibles y el tronco se usa a menudo como depósito de agua.
• Adansonia gibosa. Crece en afloramientos rocosos, lechos de ríos y llanuras inundables del noroeste de Australia. Raramente supera los diez metros de altura y la copa es irregular. Echa las hojas entre noviembre y marzo. Los autralianos le llaman árbol de la rata muerta o árbol botella.

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Greenpeace alerta de la “africanización” del paisaje de Andalucía

El desierto africano cada vez está más cerca. Pronto podría invadir Andalucía si no se pone remedio. Lo denunció ayer la organización ecologista Greenpeace que dio datos que “certifican el proceso de africanización de la mitad sur peninsular por el cambio climático”, según Aida Vila, su portavoz en rueda de prensa en su buque en las Delicias.

El coautor del informe La crisis del clima. Evidencias del cambio climático en España, Jesús Martínez Linares, destacó algunas de las consecuencias de esta transformación: aumentará la temperatura media -en Sevilla en 29 años ha subido casi dos grados (1,95ºC)lo que afectará seriamente al turismo; perjudicará a la agricultura y el periodo de floración del olivo, por ejemplo se adelantará 24 días y el alcornoque, 57; también se africanizará la agricultura con las sequías y los vientos saharianos y se incrementarán las alergias y renacerán enfermedades erradicadas en España como dengue o malaria. Peligra también Doñana que se salinizará.

Pero Greenpeace cree que este apocalipsis es evitable: “Es el momento de cambiar de estrategia, reducir las emisiones apoyarse en las energías renovables y destinar esos millones a la lucha internacional para salvar el clima”, concluyó Vila.