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Mola mola (Pez Luna)

El pez luna (Mola mola) es un pez pelágico tetraodontiforme de la familia Molidae. Es el mayor pez óseo del mundo, con una media de 1.000 kg de peso y con ejemplares que alcanzan más de 3 m de longitud y superan las 2 toneladas. Es una especie cosmopolita que habita en aguas tropicales y templadas a lo largo de todo el planeta. Tiene el cuerpo aplastado lateralmente y cuando extiende sus aletas dorsales y ventrales, el pez es tan largo como alto.
Alimentación
Se alimenta principalmente de varios tipos de zooplancton gelatinoso como las medusas, de las que consume grandes cantidades para poder desarrollarse y mantener su gran tamaño, puesto que es una dieta pobre en nutrientes.
Reproducción
Las hembras de esta especie pueden producir hasta 300 millones de huevos, más que cualquier otro vertebrado conocido. Los alevines del pez luna parecen pequeños peces globo con grandes aletas pectorales, una aleta caudal y espinas corporales que no tienen los ejemplares adultos.

Los ejemplares adultos son vulnerables a pocos depredadores naturales, pero es presa de leones marinos, orcas y tiburones. Entre los humanos, su carne está considerada como una exquisitez en algunas partes del mundo, como Japón, Corea y Taiwán, pero la venta de su carne está prohibida en la Unión Europea. A menudo estos peces quedan accidentalmente atrapados en redes de pesca y también pueden dañarse o morir debido a encuentros con desechos flotantes, como bolsas de plástico.

El pez luna es miembro del orden de los Tetraodontiformes, estuvo incluido en el mismo género que los peces globos pero estudios posteriores se clasidicó en un género propio.

En Animales de Sangre Fría, un Entorno Más Cálido Significa una Vida Más Corta

La temperatura explica gran parte del por qué los organismos de sangre fría como peces, anfibios, crustáceos, y lagartos alcanzan edades más avanzadas en latitudes altas que en latitudes bajas. Ésta es la conclusión a la que se ha llegado en un reciente estudio.

Stephan Munch y Santiago Salinas, ambos de la Escuela de Ciencias Marítimas y Atmosféricas de la Universidad de Stony Brook, han descubierto que para una amplia gama de especies cuyas temperaturas corporales varían con la temperatura de su entorno, la temperatura ambiental es el factor dominante que controla la variación geográfica de la longevidad de dichas especies.

Munch y Salinas se sintieron intrigados por el hecho de que los mejillones de río en España tienen una vida máxima de 29 años, mientras que en Rusia los individuos de la misma especie viven casi 200 años. Los investigadores se preguntaban cómo podía tener un impacto tan espectacular sobre la duración de la vida una diferencia relativamente pequeña en la latitud (España 43º N y Rusia 66º N).

Aunque cabría esperar que las adaptaciones locales o las diferencias geográficas en depredadores y en abundancia de comida explicaran esta disparidad, Munch y Salinas querían ver si las diferencias geográficas asociadas a las de longevidad tenían una base fisiológica común en la temperatura.

Munch y Salinas examinaron los datos de duración de la vida obtenidos de los análisis de laboratorio y de las observaciones en el medio natural, para más de 90 especies provenientes de ecosistemas diversos, algunos terrestres, otros de agua dulce, y el resto marinos.

Estudiaron organismos con longevidades medias diferentes; desde el copépodo Arcartia tonsa, que tiene una vida media de 11,6 días, hasta el mejillón Margaritifera margaritifera, conocido popularmente como mejillón de río y con otros nombres, y que tiene una vida media de 74 años. Descubrieron que a través de este listado de especies, la temperatura estaba relacionada sistemáticamente y de manera exponencial con la duración de la vida.

La relación entre la temperatura y la duración de la vida que Munch y Salinas han hallado a través del análisis de los datos es sorprendentemente similar a la relación pronosticada por la teoría metabólica de la ecología. Esta teoría ha sido empleada para explicar la manera en que los ciclos vitales, la dinámica poblacional, los patrones geográficos, y otros procesos ecológicos se relacionan con el tamaño del cuerpo de un animal y su temperatura.

La longevidad en el 87 por ciento de las especies en libertad que Munch y Salinas estudiaron varía como predice la teoría metabólica de la ecología.

Conviene aclarar que aún después de restar el efecto de la temperatura, había todavía una variación considerable en la longevidad dentro de las especies, indicando esto que otros factores locales tienen un papel relevante en la determinación de ésta.

De todas formas, es fácil imaginar cómo las especies de sangre fría van a reaccionar frente al calentamiento global. Debido a la relación exponencial entre la temperatura y la duración de la vida, aumentos pequeños en la temperatura ambiental podrían resultar en recortes grandes en la longevidad de estos animales.